
El uso de software ilegal es un flagelo que nos consume como país. Y el problema radica no sólo en las millonarias pérdidas para los fabricantes de programas informáticos o la evasión de impuestos involucrada. El problema de fondo es que es una demostración de la postura y mentalidad que muchas personas tienen respecto del uso de programas pirateados.
No cabe duda que la fiscalización es reducida y las sanciones también son débiles. Materias primas para fomentar una verdadera “cultura” del uso indebido del software en nuestro país. Sin embargo, más que concentrarse en aumentar la periodicidad de las redadas policiales o legislar para que las penas para los infractores sean más drásticas, lo que se requiere en Chile es pensar, desarrollar e implementar una serie de medidas y políticas públicas y privadas que viertan su efecto en la raíz misma de este problema: lo que llamo la “cultura tecnológica” de los ciudadanos.
Chile requiere y necesita que sus actuales, y especialmente, sus futuras generaciones, sean educadas en el uso correcto y ético de las herramientas TIC. Ya no basta con enseñar a usar técnicamente las múltiples herramientas tecnológicas. Es crucial enseñar a comprender que estamos en un mundo digital donde existen derechos y deberes, uno de los cuales es el respeto a la propiedad intelectual de los programas informáticos.
El mundo de los O y 1 ó el mundo de Internet no es un terreno anónimo o donde gana el más “astuto”. Debe ser un mundo donde la necesaria libertad vaya de la mano del debido reconocimiento de las creaciones intelectuales del otro.
